martes, 4 de octubre de 2016

Una inmigrante boliviana denuncia que fue humillada por dos policías al ser detenida por vivir irregularmente en España

Por Vivat International España

Antes de que finalice el mes de septiembre de 2016, queremos hacer pública esta denuncia que hace ante nuestra ONG, una inmigrante procedente de Bolivia, quien fue detenida por vivir irregularmente en España. El hecho ocurrió a mediados del año 2012. Las líneas que se pueden leer a continuación han sido escritas por la misma denunciante.

“Este caso que comento aquí son hechos que yo en lo personal viví, y tomo como experiencia para poder entender mejor las situaciones que pasan muchas de mis compañeras inmigrantes en España, país en el que residimos, así como también dar mi testimonio sin temor a lastimar a nadie, porque uso la buena fe de mi verdad.

Mediante Caritas y por la colaboración de la Madre Pilar, que es la persona encargada de llevar adelante esta organización, en la formación y atención a inmigrantes, pude acceder a la bolsa de trabajo, donde me ayudaron a conseguir un empleo para los fines de semana, y fue así como al cumplir los tres años viviendo de forma irregular en Territorio Español, presente mis papales para solicitar una residencia inicial, y me la denegaron, a pesar de que yo cumplía con los requisitos exigidos.

Continúe viviendo así, en ese estatus de irregular, haciendo mis actividades normales. Un día, entré a un locutorio a llamar por teléfono a Bolivia, cuando repentinamente se acercaron a mi dos policías, me pidieron que colgara el teléfono, lo hice, salí  de la cabina a dar la cara y me pidieron identificación, les dije que no la llevaba, pero que como vivía frente al locutorio, podría ir a por la documentación, yo no llevaba llaves, llamo a la puerta para que me abrieran, pero la señora con quien yo vivía no abría, entonces los policías me llevaron detenida.

AL mismo tiempo detuvieron a otra mujer de mi país, ella tampoco llevaba documentación así que la llevaron detenida también, pese a que argumentaba que tenía a su pequeña hija en la habitación y que no marcharía sin ella. El policía fue grosero y la hizo subir a la fuerza y  al estar ya dentro, me di cuenta que los detenidos éramos tres mujeres y un joven, todos de nacionalidad Boliviana.

Allí el policía más alto empezó a decirnos groserías, dijo que su escroto estaba cargado y que le daba ganas de descargarse con una de nosotras, se metía con nuestro origen, y hacía alusión al gobierno de Zapatero. Al ver que una de las chicas lloraba por el susto que tenía, él le dijo: “A llorar a Zapatero y rogar al ministro del interior para  que os venga a auxiliar Rubalcaba porque gracias a él seréis deportados, a ver si nos enteramos indios de mierda”, yo le contesté: “perdón nosotros somos indígenas y no indios” y me grito , ¿Yo te estoy preguntando a ti gilipollas? la chica que estaba a mi lado me tocó la pierna para que me callara y me callé.

Durante  el trayecto los dos policías no dejaban de burlarse de nosotras, posteriormente llegamos al lugar y nos metieron a una sala grande en la que había muchas personas, y seguían llegando más gente, todos eran inmigrantes ilegal de todas las nacionalidades, nos dijeron que se nos permitiría hablar cinco minutos por teléfono desde nuestros móviles y luego todos a apagar el móvil.
Nos hicieron preguntas para verificar en sus bases de datos todo la información, luego nos pidieron que entregáramos los pasaporte, y si lo teníamos en casa nos llevaban a buscarlo, nos prometieron que si lo entregábamos nos iríamos más rápido de esa comisaria a casa, mucha gente que lo tenía lo entregó con la esperanza de irse, pero lo que no sabían algunos era que la entrega rápida del pasaporte le hacía más fácil la expulsión del país. 

Pasado un rato, vimos como aquellas personas que entregaron los pasaportes eran seleccionados para realizarles el expediente de expulsión, para entonces llevarlos al aeropuerto. Luego nos requisaron y nos pidieron todas nuestras pertenencias y los cordones de los zapatos y sujetadores, nos metieron en una celda donde las colchonetas no eran suficientes y donde teníamos a una compañera de 55 años de edad, que tenía dolores reumáticos no paraba de quejarse. Logramos que viniera un guardia y que le diera una pastilla para calmar el dolor.

Los demás pasamos toda la noche aguantando las ganas de ir al baño porque no se nos permitía. Amaneció y vino un policía que nos dio galletas y zumo para desayunar, nos explicaron que debíamos esperar  al abogado de oficio, cuando finalmente llegó, logramos recuperar la libertad y volver a nuestras casas”.


La denunciante nos ha pedido mantener su identidad en anonimato pues teme ser objeto de algún tipo de represalia.  En Vivat International España seguiremos trabajando por la defensa de los derechos humanos de todos los inmigrantes y de aquellas personas en estado de vulnerabilidad.

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