viernes, 15 de junio de 2012

Mercancía china comienza a reemplazar la artesanía típica larense

Los artesanos de Tintorero atraviesan una crisis originada por la falta de materia prima que les obliga a explotar ese rubro por ser más rentable  

César Paradas Montesinos
BARQUISIMETO
La inflación que registra la economía venezolana y la falta de materia prima para elaborar sus piezas, mantienen en jaque a los artesanos larenses, quienes para garantizar el bienestar de sus familias, dejaron a un lado los telares y el torno para dar paso a los objetos de fabricación china, que adquieren en tiendas de descuento y luego revenden en sus negocios establecidos en Tintorero y Quíbor.

Es así como está en riego la reputación de estos pequeños pueblos, reconocidos como epicentro de la cultura latinoamericana debido a la calidad y belleza de las artesanías que tradicionalmente ofrecían al mundo las manos de sus pobladores.


“En algún momento no muy lejano esto va a terminar perjudicando al pueblo y seremos los artesanos y nuestros grupos familiares los más perjudicados porque sencillamente los turistas y visitantes foráneos terminarán dando a conocer que en Tintorero ya no se consiguen tantos artículos de fabricación artesanal como antes, sino bisutería, bolígrafos, peluches, portarretratos y demás cosas fabricadas en plástico. Todavía hay locales que netamente se dedican a la artesanía, pero vemos muchos donde ahora se dedican mayormente a revender quincallería y la gente lo nota. Deberían tomar conciencia y no hacerlo más”, opinó Aideé Díaz, encargada del negocio el Gran Moisés.

Allí no exhiben artículos de quincalla, únicamente artesanía larense elaborada con hilos multicolores, madera y gres. “Vender lo nuestro sigue siendo un buen negocio. Somos privilegiados porque aquí un turista puede dejar su carro abierto y tenga por seguro que no lo van a robar a pesar de la inseguridad que hay en todas partes, aquí no. Mantenemos abierto todos los días de 8:30 am a 4 pm, y aunque las ventas han bajado por ser temporada baja, estamos esperando carnaval para que mejore la situación, no veo la necesidad de vender peroles”, agregó.


Competencia y supervivencia

Emma Escalona, es vendedora en el local La Orquídea, en Tintorero, aunque no está de acuerdo con la venta de artículos chinos, debe comercializarlos pues es parte de su trabajo. “La gente de la zona y los turistas llevan zarcillos, collares, anillos, todo lo chino que se vende aquí porque es más barato. Una hamaca cuesta venderla porque a la gente le parece cara, pero el problema es que para poder mantener estos negocios abiertos algo tenemos que vender y los dueños descubrieron que esto sale mucho por ser barato y tener mucha demanda. Mi esposo es maestro de artesanos y siempre se pregunta  molesto ¿Cómo se va a vender esto si no es típico de tintorero? Yo le contesto que es por la necesidad de hacer el dinero para comprar la harina que ahora casi ni se consigue”, relató la mujer oriunda de Quíbor.
En el mercado principal de Quíbor, donde también se agrupan artesanos, se observa de igual forma la venta de objetos metálicos y plásticos, que no forman parte de la cultura larense.

“Seguimos elaborando piezas como juegos de tazas y vasijas en gres, la típica vasija de tres patas quiboreña que es una pieza precolombina conocida como trípode, frutas y animalitos en madera que traemos del pueblito Guadalupe, cerca de aquí donde hay talleres, pero si hay compañeros que por las bajas ventas de estas cosas metieron chucherías, y quincallería en sus locales”, dijo el artesano Otilio Pérez.
El vidrio, la aerografía, los hilos plásticos, metales y demás materiales sobresalen entre la madera, los hilos y el gres típico de la artesanía larense. La situación es similar tanto en las tiendas que están en las calles de Tintorero, como en las ubicadas dentro de la Aldea Artesanal, donde anualmente es efectuada la Feria Internacional de Artesanía. En casi todas se encuentran estos artículos que comienzan a reemplazar las piezas hechas a mano.
Preocupados por lo que ocurre, los artesanos se agruparon en una asociación con el propósito de mediar con el Gobierno Nacional para obtener apoyo suficiente que les permita continuar haciendo sus trabajos.
“Hace un año decidimos agruparnos para buscar una solución a todo esto, resultó que pudimos hablar con la viceministra Ana Maldonado quien nos prometió apoyo a través del Banco del Pueblo para nosotros proponer que el Estado comprara una empresa que hace los hilos que necesitamos para hacer nuestros tejidos y poder comprarlos a un precio justo porque el poco que se consigue es a precio de especuladores y no podemos comprarlo, y el que lo compra entonces tiene que vender la pieza muy cara y ahí es donde el turista se queja y muchas veces no las compra, quedándose así nuestra mercancía fría”, dijo Arnoldo Aranguren vocero de la Asociación de Artesanos.
Pero a pesar de haber visitado la institución bancaría y consignar la debida documentación, el proyecto no se ejecutó y es por ello que se permite a los asociados comercializar los productos fabricados en china. “El problema es que el tejido se ha desaparecido un poco porque la materia prima que es el hilo, no la tenemos, eso es importando de España, Argentina, y Colombia, pero los intermediarios lo venden demasiado caro desde hace como un año y así no es ganancia trabajar”, precisó.
Sin Ley
Handy Montes, director de Asoferia, ente encargado de realizar la feria en agosto de cada año desde hace 20 años, admitió que existe un cambio radical en la sustitución de artesanía por mercancía de producción en serie.

“Desde hace 3 años estamos estableciendo prevención con un proceso de curaduría previo a la feria, donde todo trabajo a exhibir debe ser cien por ciento artesanal. No se permite mercancía china y de otros países que obtienen a través de tiendas para revenderlas porque no es buena y son copias baratas de arte, tampoco permitimos que la artesanía haya sido hecha con materia prima que esté bajo protección especial que vaya contra los ecosistemas, ni con cosas importadas porque es nocivo para la comunidad porque el turista se lleva una imagen mala y errada de nuestra cultura”, refirió.
A su juicio, la falta de una norma legal que regule la venta de artesanías, es fundamental para combatir lo que está sucediendo en estos pueblos larenses. “No hay ley, ni parte del gobierno que proteja eso. No hay permisología especial para prohibir nada relacionado a la venta de artesanías y debería existir para impedir que se siga perjudicando al artesano”, subrayó.
El esfuerzo por establecer normas de convivencia lo hacen desde La Asociación de Artesanos, aunque están claros que ganar la batalla no es tarea fácil. “No podemos prohibirle a la gente que explote esos otros rubros si no puede hacer ni vender artesanías porque la materia prima no se consigue, y si se consigue está demasiado cara y no podemos pagarlas. Para los artesanos sobrevivir necesitan vender y no es precisamente las piezas tradicionales lo que logran comercializar, lamentablemente”, añadió Arnoldo Aranguren.
El Dato
En el municipio Jiménez del estado Lara se encuentran Quíbor, Tintorero y Guadalupe, tres pueblos reconocidos en el mundo por la belleza de las artesanías que sus pobladores elaboran en gres, hilo, y madera, respectivamente.

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