lunes, 17 de enero de 2011

Los Zaragozas danzaron por los Santos Inocentes


El pueblo de Sanare en el municipio Andrés Eloy Blanco del estado Lara, se estremeció el 28 de diciembre de 2010, al recibir a miles de personas para conmemorar el Día de los Santos Inocentes, durante la tradicional festividad de La Zaragoza, donde la extravagancia de sus atuendos y el sonido de los cascabeles, robó la atención de propios y visitantes.
La expresión de la cultura popular venezolana busca rememorar el asesinato de niños en Belén, dictaminado por el rey Herodes para matar al Mesías. Turistas provenientes de países como Suiza, España, y Argentina, llegaron a Lara para presenciar el folclórico espectáculo.
“Impactado con los colores y los cascabeles de esos hermosos trajes hechos con cintas; mientras los Zaragozas van bailando con sus peculiares máscaras, llenan de colorido las calles de este pueblito tan acogedor por su clima frío. Además el sonido de los cascabeles que cuelgan de sus vestidos te llena de magia durante todo el evento; sin duda una experiencia única, conocida por demás en el mundo”, contó Pascual Febres, quien viajó desde Argentina para participar en la festividad.
A Febres le llamó la atención cómo los pobladores de Sanare se incorporaban a la algarabía, y ofrecían sus mejores caras para atender a los extranjeros.
Bailes, música y creatividad
A las cuatro de la madrugada, los hombres disfrazados con creativos trajes elaborados a mano, se reunieron en casa de La Capitana María de González, donde conjuntamente con los músicos dirigidos por Bernabé Alvarado, el capitán mayor, y Severino Alvarado, capitán menor encargado de llevar el cuadro de los Santos Inocentes, rezaron oraciones y cantaron La Salve en tamunangue, frente a un improvisado altar invocando la bendición divina.
Salió el sol e iniciaron el recorrido por las estrechas calles de Sanare, el punto de llegada: la Iglesia San Isidro, donde fue la primera Eucaristía, tomando en cuenta que poco tiempo después arribaron al templo de Nuestra Señora de Santa Ana, situado en el sector Barrio Arriba, donde celebraron otra misa, tal como establece la costumbre.
En el trayecto, unos mil Zaragozas que iban emitiendo sonidos broncos, ingresaban a los hogares y tomaban en brazos a los recién nacidos para bendecirlos con su bailes, mientras que los adultos les recibieron con sopa, chicha, y café, para pagar sus promesas.
“Es parecido a un carnaval, es demasiada gente la que viene a esta ceremonia. Nosotros no paramos de tomar fotografías con los Zaragozas porque llaman mucho la atención sus trajes de colores. Las personas se contagian de su alegría, mientras los cantadores van entonando su música popular”, dijo Lucy Pérez, visitante de Maracaibo, capital del estado Zulia.
No había terminado la conmemoración, y sus organizadores ya estaban pensando en la cita del próximo año, la cual requiere un esfuerzo mancomunado entre los responsables de llevar a cabo la festividad, y las instituciones públicas.
Entre tanto, la alegría de los locos y locainas, como se les llama a los disfrazados, sigue inmortalizado en la frase: “¡Ay Zaragoza!”.
 

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